
Dice Guillermo Cabrera Infante que Fellini «fue vago de afición, caricaturista de profesión y corrector de pruebas.» Y es cierto, sólo los vagos saben ser artistas (cuando son genios, porque vago hay mucho que artista se cree), y sólo los caricaturistas saben que una caricatura es el rostro de la verdad en unos cuantos trazos sangrientos, satíricos y descarnados. La caricatura es un rostro acuchillado hasta la esencia. Fellini sabía de tales asuntos, sabía convertir el costumbrismo, ese típico costumbrismo de cierto tipo de cine italiano, en farsa, ironía, sátira y esperpento. Eso es Amarcord (1973), un viaje al pasado con cierto toque de costumbrismo irreal, porque, no debe olvidarse, es un viaje al recuerdo de la infancia de Fellini, y si pasa por el matiz de Fellini, pues tiene que ser irreal, satírico, hermoso, felliniano.
El film tiene lugar en una ciudad ficticia, Borgo, que en realidad es reminiscencia de Rímini en la costa Adriática, ciudad natal del director. Aa m'arcòrd es "yo me acuerdo" en el dialecto propio de Emilia-Romaña. Yo me acuerdo, sí, de aquellos tiempos, me acuerdo de mi infancia, de lo grande y lo raro que era el mundo. Un vago vive recordando, un caricaturista recuerda esencias, un artista hace cine y obras maestras que nos hablan de la sociedad, que critican los regímenes tiránicos (el fascismo de los treinta y de cualquier otro tiempo), la iglesia, la tontería social, los presumidos. Pero, ya se dijo, toda esta visión mordaz del mundo, realista por así decirlo, no deja de estar cargada de poesía, de imágenes poderosas, como la de la nevada en la ciudad costera o la de trasatlántico llegando en la madrugada. Por otro lado, el abuelo perdido en la niebla, que cree haber muerto, o el tío loco que se monta en los árboles para gritar a toda voz que quiere una mujer, son momentos que en todo caso no necesitan del surrealismo, pero sí del tamiz de la imaginación y de la mirada poética y particular del gran director que fue Fellini. Entre los elementos típicamente felliniano, el sexo toma su lugar en la cinta. Tetas, piernas, cigarrillos, mujeres calientes, prostitutas a punto de explotar en su grotesca delicia, todo eso lo tenemos. Está también presente, como marca de autor, la figura del alter ego, que esta vez no es Marcello Mastroianni, sino un joven Titta (Bruno Zanin) que va narrando la historia y sus pensamientos, así como también lo hacen otros personajes, dándole un paródico tono turístico a todo lo que vamos viendo. En Amarcord encuentramos todo lo que de Fellini usted puede adorar y desear, todo aquello que siempre ha convertido a Fellini en un autor; en este caso, el cineasta en su infancia, en su adolescencia, en su pasado mágico y al mismo tiempo real. Guillermo Cabrera Infante también dice que Amarcord es Proust a la italiana, y de eso no nos cabe duda.
Amarcord fue premiada con el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Disfrútala el jueves 23 de febrero, como el último film del ciclo Oscar sin fronteras. Reinventa, reimagina… Descubre Max.