Vals con Bashir, en el ciclo Oscar fin fronteras

por max 14. febrero 2012 10:32

 

En 1982, las Fuerzas de Defensa de Israel invadieron el sur del Líbano. Su objetivo: expulsar terroristas de la OLP atrincherados en ese país. Ya desde los años setenta, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) se había aliado a facciones musulmanas del Líbano, específicamente al Movimiento nacional libanés, con el fin de defender a sus hermanos musulmanes contra los cristianos de dicho país. Cuando Israel entra en Líbano en 1982, lo hace, como ya se dijo, con la excusa de que en este país se escondían guerrilleros o terroristas de la OLP. La incursión comenzó el 22 de junio, un par de semanas antes, el 3 de junio, el embajador de Israel en el Reino Unido, Shlomo Argov, había recibido un atentado por parte de tres presuntos miembros de la OLP. El atentado contra Argov fue el detonante para la invasión y para el infierno que toda guerra desata.

Vals con Bashir (2008) de Ari Folman, es un film que va tras la búsqueda de esa memoria, de ese horror. Instaurado en un bloqueo mental, el director se asume como personaje de este film animado y se sumerge, a manera de documental surrealista, en los recuerdos de varios soldados (los hombres verdaderos se interpretan a sí mismos en la cinta) que participaron en esa guerra, y cuya cumbre del horror fue las matanzas en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, donde ocurrieron violaciones, torturas, amputaciones y asesinatos, principalmente a niños, mujeres y ancianos, bajo la excusa de la captura de los mentados terroristas palestinos. La noche que comenzó la masacre (que duró 48 horas), los falangistas cristianos de Líbano entraron al campo mientras el ejército Israelí vigilaba el perímetro y alumbraba con infinitas luces de bengala el cielo bajo los campamentos.

Folman testifica con este film que la guerra no es un lugar romántico para heroísmos ni para forjar grandes hombres. La guerra deja heridas y vacíos en las almas y es un lugar surrealista y pesadillesco. De allí que el cineasta haya adoptado un estilo de animación digital donde predomina lo oscuro y lo melancólico. Los dibujos, aunque sorprendentemente realistas, no fueron rotoscopiados; es decir, no se dibujó encima de un actor o de un persona previamente filmada; los trazos íntegros fueron hechos a mano, la mayoría por David Polonsky, en muchas ocasiones de manera intencionada con la mano menos habilidosa (en el caso de Polonsky, la izquierda) para darle al film ese estilo nada glamoroso que busca fundirse con la temática. Para algunas escenas, sin embargo, se utilizó la animación 3D, sobre todo para los paisajes. Así, Folman se adentra en su memoria y en la de los otros, se adentra en el pasado y en un universo que, según él, sólo puede ser visto como un mundo de sueños de pesadilla, donde tu casa, tranquila y serena, apenas está a unos escasos kilómetros del campo de batalla. El director no sólo demuestra el surrealismo horroroso de la guerra, sino también la esfera del absurdo, donde el ego, la masculinidad mal entendida, los intereses de unos cuanto y los falsos romanticismos yacen en el fondo de las razones más sombrías.

Vals con Bashir fue nominado al Oscar a Mejor película extranjera en 2009. Disfrútala este jueves 16 de febrero, dentro del ciclo Oscar sin fronteras. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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