Un profeta, los sacrificios de la «libertad»

por max 30. enero 2012 13:26

 

A partir de este jueves, todos los jueves del mes y con motivo a la próxima entrega de los premios Oscar, Max no trae el ciclo Oscar sin fronteras, un muestrario de cinco magníficas películas que fueron nominadas al Oscar a Mejor Película Extranjera. De Francia, Un profeta, de Jacques Audiard, y La noche americana, dirigida por François Truffaut; de Israel, Vals con Bashir; de España, Pan negro, y para cerrar Amarcord, dirigida por el gran Federico Fellini, serán los filmes del mundo que representaron a sus respectivos países en diferentes entregas del Oscar.

Comenzamos el jueves 3 con Un profeta (A Prophet, 2009), del experto cineasta francés Jacques Audiard. Un film de sobrevivencia, o supervivencia, como quieran verlo, que a fin de cuentas, termina hablando de la libertad humana. Lo interesante de todo esto es que la cinta transcurre en una cárcel, allí donde el espíritu humano se rebaja a las más bajas categorías del esclavismo y pierde cualquier asomo de emancipación. Quien sobrevive en la prisión es aquel que se pone de rodillas o aquel que se alza por encima de todos.

Malik, interpretado por un sorprendente Tahar Rahim, es un joven sin pasado, temeroso y débil. De origen árabe, Malik convive con la comunidad corsa de la cárcel. Estos son los dos grandes epicentros de poder de aquel reducto, y Malik está allí al inicio, trabajando para los corsos, despreciado por los musulmanes. El film está pensado para mostrar la distintas formas de humillación y servilismos carcelarios, lo que redunda en la pérdida verdadera de la libertad humana. Pero sobre todo, Audiard nos lleva al interior de la historia para asistir al nacimiento del más cerebral y despiadado hombre: aquel que se alzará sobre todos y tendrá el control absoluto del crimen organizado. Y no es propiamente un sicópata, sino alguien que necesita tener «éxito» para sobrevivir. Malik es un nuevo tipo de criminal, un profeta de los nuevos tiempos. Sí, nos recuerda a Michael Corleone de El padrino, sólo que el caso de Malik es distinto: el joven aprendiz está en la cárcel, en una terrible cárcel, y su alma, de alguna manera, es producto del mundo globalizado, trashumancia y desposesión de raza y cultura que se abre al desarraigo. Malik no es de aquí ni de allá; es un paria que, con el fin de cuidar su vida, se hará un lugar en el mundo donde nada pueda alcanzarlo. Malik nos resulta empático, porque entendemos que lo que busca es su libertad dentro de sus limitaciones. Si estuvo vacío cuando llegó, si estaba destinado a no ser nadie fuera de la cárcel, entre rejas Malik se rebela contra la condición más baja a la que un hombre puede llegar, la de esclavo. Su ascenso a las altas esferas del crimen resulta, paradójicamente, un ascenso al despertar de la conciencia, a su libertad.

Asistimos a un film montado sobre un guión sin baches, cerrado y complejo, trabajado por el mismo realizador durante tres años junto a Thomas Bidegain (basados en un texto original de Abdel Raouf Dafri y Nicolas Peufaillit). Thriller intenso cargado de realismo (tanto que la cárcel entera fue construida ex profeso para el film), realismo además extremo, pero que no duda en echar mano de escenas oníricas y fantásticas, lo que nos aporta poesía, misterio y profundidad de espíritu. Incómodo sin duda, pues concesiones no se permite y no aboga por salvaciones ni finales complacientes; Jacques Audiard no se ha limitado, no se ha cohibido de mostrar el mundo criminal tal cual es.

Un profeta obtuvo el Gran premio del jurado en Cannes en el año 2009 y fue nominado al Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera en 2010. Disfrútala el jueves 2 de febrero. Reinventa, reimagina… Descubre Max.

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