Day Night, Day Night, o Kafka y el terrorismo
Publicado 7/19/2010 10:11:00 AM - Max

Day Night, Day Night (2006), me hace pensar en una variante contemporánea de Kafka. El film de la debutante Julia Loktev no es exactamente kafkiano ni creo que se haya pensando bajo esa óptica. Pero nada más de entrada, la cinta nos lleva hacia determinadas maneras de entender el concepto del yo que Kafka inauguraría en la literatura. Milan Kundera nos dice de Kafka en «Diálogo sobre el arte de la novela»: «La forma en que él concibe el yo es totalmente inesperada. ¿Por qué K. es definido como un ser único? No es gracias a su aspecto físico (del que no se sabe nada), ni gracias a su biografía (nadie lo conoce), ni gracias a su nombre (no lo tiene), ni a sus recuerdos, ni a sus inclinaciones ni a sus complejos. ¿Acaso gracias a su comportamiento? El campo libre de sus actos es lamentablemente limitado. ¿Gracias a su pensamiento interior? Sí, Kafka sigue continuamente las reflexiones de K, pero éstas apuntan exclusivamente a la situación presente: ¿qué hay que hacer ahí, en lo inmediato?» Esto último, ya lo dice Kundera, es un campo muy limitado, un campo que se limita sólo al momento; aunque conocemos los pensamientos de K. con respecto a tales situaciones, no sabemos más nada de él. Y esto lo hace terrible, monstruoso. Es como andar con un loco que no sabemos que está loco hasta que empieza a hablar sinsentidos o hasta que mata a alguien. K. es cualquiera, cualquiera que nos rodea. Es alguien de quien conocemos el día a día, pero nada más. Un compañero de trabajo, un vecino, cualquiera cuya vida esté totalmente absorbida por la vida presente. Eres tú, soy yo. Dice Kundera: «¿Cuáles son aún las posibilidades del hombre en un mundo en el que los condicionamientos exteriores se han vuelto tan demoledores que los móviles interiores ya no pesan nada? Efectivamente, ¿en qué hubiera podido cambiar esto el destino y la actitud de K. si hubiera tenido pulsiones homosexuales o una dolorosa historia de amor? En nada.» El personaje femenino del film de la Loktev es como K., un personaje al que sólo vemos viviendo el presente, del que no conocemos su pasado ni lo que busca. Ella ha tomado una decisión: ha decidido convertirse en una bomba humana que estallará en Time Square. Pero sólo eso sabemos. De hecho, la chica no tiene las típicas características que pudiera tener un terrorista forjado en el lugar común (por lo general, islámico). No se sabe de dónde viene la chica, no se conoce su nacionalidad, y aunque no conocemos sus pensamientos, la vemos sí instaurada en el presente desde su llegada al aeropuerto. También como K., la chica es guiada por una fuerza superior a ella (otra característica de lo kafkiano); esa voz al teléfono que, como los emisarios y distintos representantes que aparecen en El Castillo, van llevando a los personajes de aquí para allá, dominándolos en su totalidad. La chica terrorista que vive su día a día, su entrenamiento, sus comidas, sus silencios, está sumida en un presente signado por la muerte de su misión —o de su condena. Pero a ella parece no pesarle esa misión-condena. Kundera nos dice que en Kafka el castigo busca la culpa. Al contrario que ocurre con Raskolnikov, quien busca el castigo para su asesinato, en la literatura de Franz Kafka, los personajes buscan las razones para su castigo. En este caso, la chica terrorista de Day Night, Day Night, tiene una misión que se hermana al castigo en la muerte. La muerte está siempre allí, en el fondo de todo castigo, aunque la muerte física no sea necesariamente el término de dicho castigo. Pero el aislamiento, la inmovilidad, son formas de anular el yo, de impedir la libertad; al fin y al cabo, la muerte es la abolición de todas las libertades; bajo determinadas concepciones, claro está. En ciertas culturas o incluso circunstancias, el sacrificio de la misión es una liberación. Pero eso no los sabemos en el film. La chica simplemente va hacia la muerte. No sabemos si en ella hay una culpa que busca un castigo (una supresión de la libertad absoluta), o una creencia que busca el sacrificio (la búsqueda de la libertad máxima). Pareciera que eso no importa para los fines de la historia. De alguna manera, terroristas podemos ser todos, cada uno de nosotros, aplastados por la sociedad y la impersonalidad de su furia. Cualquiera, pareciera decirnos la cinta, puede estallar y ser terrorista de sí mismo y de los poderes que nos dominan. En «La condena», Georg Bendemann termina lanzándose al río, condenado por su padre, pero su muerte no daña sino al propio Bendemann; se trata de un acto de violencia contra sí mismo y ya. En nuestros tiempos, no obstante, la violencia de la muerte tiene profunda connotaciones colectivas. Pareciera haber un vacío enorme donde todos pululan por igual. Los límites de lo individual han sido borrados por el poder que todo lo masifica. Al no existir el yo, la muerte ha de ser colectiva. El sacrificio final del alienado requiere un público, un teatro, una declaración de principios que siempre ha de ser colectiva. Así, Day Night, Day Night se me antoja un film independiente profundamente kafkiano que van más allá de los clichés de aquello que llamamos kafkiano. Es kafkiano minimalista y siglo XXI, kafkiano sutil y al mismo tiempo muy profundo. Pero terrible, terriblemente kafkiano.
Day Night, Day Night, el miércoles 21 de Julio, por Max.
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