Los locos de afuera, y sus terapias alternativas

Publicado 7/16/2010 3:42:00 PM - Max

          ¿Cómo sabe uno quién está loco? El loco está dentro del manicomio, dirá alguien. Y claro, es así: un loco está en un manicomio. Pero tenemos algunas situaciones. Veamos.

 

Pensemos en alguien que se ha separado totalmente del mundo, ex profeso. En alguien cuya vida es un caos lleno de comida chatarra y alcohol. En alguien que no le interesan las personas que le rodean, que hace otras cosas (físicas y mentales) mientras estas personas le hablan. En alguien que ha dejado a un lado todos sus compromisos de adulto, que no quiere hijos, ni pareja, ni nada. ¿Acaso ese alguien no está también loco?

 

Porque en verdad, se me antoja que hay mucho loco que no está encerrado. Siguiendo a Michel Foucault, recordemos que en la Edad Media, los leprosos vivían separados de la sociedad, en leprosorios. Los leprosos eran pecadores. Habían cometido alguna falta contra Dios y Dios los había castigado con la lepra. Luego, cuando la lepra desaparece, el concepto de castigo y separación social se transmite a las enfermedades sexuales, que también son relacionadas con el pecado, y luego aparece la locura, que viene arrastrando toda esa herencia anterior. Primero, la locura como enfermedad pero también como pecado casi, como si fuese culpa de quien padece el trastorno; y finalmente, la locura como separación. Pero muchos locos no terminan recluidos. Muchos locos (lo más astutos) andan por el mundo, y su vida es un universo oscuro, acuoso, donde se pierden y viven sin levantar sospechas. En ese mundo acuoso, parecieran vivir en una falsa purificación de su locura. Foucault también nos dice que los locos, antes de que apareciera el concepto de sanatorio, eran expulsados de las ciudades a través del mar. Es decir, se les enviaba en un barco a otras partes lejanas. El barco aparece aquí como imagen de la deriva, del no-lugar (especie de sanatorio móvil), y el mar como imagen bautismal, del agua sagrada que purifica. Así, hay hombres que están fuera del sanatorio, que viven en su barca de los locos interna, separados del resto de la gente, creyendo que su mundo acuoso es un mar purificador. Con ellos, la diferencia entre el loco y el cuerdo es difícil de precisar. Más si el loco se disfraza de siquiatra, el mejor disfraz de un loco; y me disculpan los siquiatras, que no todos están locos; pero como posibilidad, esto del disfraz, es posible.

 

Ahora, a estos locos, ¿cómo se les trata, cuál es la terapia para ellos? Pues bien, tendríamos que pensar en una terapia alternativa. Obligarlos a madurar, podría ser la primera. Poniéndoles responsabilidades. También, podría ser, enfrentarlos a otros locos, y que estos locos sean su espejo, y que en ese espejo se pierdan y luego se encuentren. Un tratamiento así podría ser una tragedia, pero también algo muy divertido, digno de una novela o de una película.

 

De una película como Terapias alternativas (2007), del argentino Rodolfo Durán, la cual podrá disfrutar, este lunes 19 de julio, en Max, tu nuevo canal.

 

 




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