La Classe De Neige, o el miedo fascinante de la imaginación
Publicado 7/8/2010 9:43:00 AM - Max

Lo que me llama la atención de un film como La Classe De Neige (1998) de Claude Miller, es esa vuelta de tuerca que se le da al tema de la imaginación. No es idea exclusiva de Miller, claro está, y el cine conoce otros casos ejemplares, como Fanny y Alexander, historia donde la imaginación de los niños es fundamental. Miller, no obstante, aporta su visión, su variante. En su film, el cineasta hace uso de un elemento típico de la juventud relacionado directamente con pruebas de crecimiento: el viaje de vacaciones. Así, La Classe De Neige es una historia de juventud, de crecimiento, pero llena de una imaginación desatada en esta transposición del espacio que sufre su protagonista. Fuera de su concha, sometido a fuerzas exteriores, Nicolas (Clement Van Den Bergh) comienza a vivir un proceso interno que lo lleva a sumergirse en las pesadillas de su imaginación. Porque lo fundamental acá es eso. Aquello que ha sido alabado por poetas y artistas a lo largo de la historia de la humanidad, esa imaginación instaurada como elemento salvador, se vuelve acá un elemento aterrorizante. La Classe De Neige es una muestra de cómo el mal, la estupidez humana, la incomprensión o la tontería del los adultos, pueden pervertir una de las tablas de salvación más importantes de la niñez y del hombre en general. La imaginación también puede ser letal para el hombre. Pero en un film como La Classe De Neige también se presenta como una herramienta del arte, un disparador estético. Recuerdo el cortometraje Vincent de Tim Burton, donde el pequeño Vincent, fanático de Edgar Allan Poe y de Vincent Price, vive encerrado en un mundo oscuro pero al mismo tiempo fascinante. A pesar de que la imaginación se proyecte en estas historias como generadora del miedo y de la tragedia, no deja no obstante de crear espacios y momentos maravillosos y visualmente sobrecogedores. Quizás, acudimos acá a lo que Rudolf Otto llama lo numinoso, que es aquello que está relacionado con la experiencia sagrada, que de algún modo, dentro del pensamiento sagrado, es una experiencia de belleza pura y crecimiento (Rilke llegó a decir que todo ángel es terrible). Nicolas es un jovencito que, como todo joven, aún desconoce las cosas del mundo, aún vive metido dentro de un espacio y un tiempo particulares y muy pequeños. Al salir de allí, al entrar en el bosque (el campamento), lugar donde habita el misterio, los dioses, los demonios, su mundo se expande, pero se expande en una confrontación con lo desconocido, y en este caso, lo desconocido no está solamente afuera, sino también dentro de él. De allí surge la experiencia numinosa, la experiencia que lo hará crecer y entrar, quizás en el nuevo mundo de las cosas profanas, donde podrá ser más dueño de sí mismo y del universo. Acá pues, la imaginación de Nicolas, esa imaginación que nos lleva al terror, a las imágenes de muerte, ha de formar parte de la experiencia mística que ocurrirá en el campamento. Nicolas le teme al mundo y a su padre, y a ellos tendrá que enfrentarse para hacerse hombre. Tal enfrentamiento se convierte en una excusa perfecta para Miller, inspirado en la novela de la escritora Emmanuel Carrere, para crear esas otras realidades conformadas por los constructos de la imaginación, que hacen entrar al espectador en un estado conjunto de delicia y horror. Surrealismo, absurdo, literatura fantástica, historia de crecimiento, drama instaurado en el miedo, todo está allí, en este film, equilibrado, bien puesto, fenomenal.
La Classe De Neige, el lunes 12 de junio, en Max.
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